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Expedición con el apoyo de la colegio de Sydney

America del Sur sin motor

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10 etapa

fecha de inicio actividad pais lugar desde - hasta dias km km/ dia comentario
21.05.2013
organizado
Chile
Antofagasta
3
40
13
montar carrito de desierto
24.05.2013
carrito de desierto
Ruta 5
Antofagasta - Baquedano
2
83
41
autopista
26.05.2013
carrito de desierto
Atacama
Baquedano - San Pedro de Atacama
7
246
35
sin ayuda
02.06.2013
descansar
San Pedro de Atacama
1
0
0
total
13
369
28

No hay agua, ni árboles, ni arbustos que hagan una mínima sombra, no hay ni la más minúscula planta. Ni pájaros, ni roedores, ni serpientes. Por no haber, no hay ni moscas. Solo piedras calientes. Estoy en mi elemento. Estoy en el desierto.

    Atacama. Cada vez que escuchaba este bonito nombre se me erizaba la piel. Ahora he tenido la suerte y el privilegio de llamar a su puerta. Atacama me dejó entrar. Atacama es duro, áspero y misterioso pero también buen anfitrión. Yo le correspondí con mi carińo y mi admiración. No tuve miedo, ni estrés, solamente estaba excitado de estar allí. Nos descubrimos el uno al otro, aprendimos y trabajamos juntos. El desierto no es una montańa que puede ser conquistada. Simplemente o lo disfrutas o lo pasas de largo.

Estuve durante unos días en Antofagasta preparando mi carro del desierto y organizando todo el material necesario. Aún así cometí dos errores. El primero fue olvidarme las estacas de la tienda cuando la cambiaba del modo verano al del invierno. El otro fue no llevar radios (para las ruedas) de repuesto.
 Decidí atravesar el desierto al estilo deportivo alpino clásico, esto quiere decir: sin utilizar hidrógeno, sin ayuda del exterior y sin poder jugar con cerillas.

Cuando llegué al pueblo de Boquedano, justo a la entrada del desierto, aproveché para tomar una buena cena y aprovisionarme con 43 litros de agua, repartidos en seis bidones (dos grandes, dos medianos y dos de uso directo) para después entrar en la arena. Bueno, no de repente. El primer día supuso un trasiego constante de camiones que se dirigían a las minas cercanas. Ellos se ofrecían a llevarme parte del equipo pero no podía aceptar sus buenas intenciones. Nada de ayuda exterior. El vacío verdadero me esperaba al día siguiente.

Normalmente durante los primeros días de cada etapa nunca sé donde tengo todas las cosas en mis maletas. Poco a poco, con el paso de los días, la organización mejora y ya sé donde están las cosas que más necesito y procuro dejarlas siempre en el mismo sitio.
  Pero esta vez no llegué a conseguirlo del todo debido a las particularidades de mi carrito del desierto. Tenía que intentar repartir el peso de tal manera que los brazos del carro ni me clavaran en el suelo ni me elevasen al cielo. Además de equilibrar el peso sobre el eje de las ruedas. Cuando los experimentos empezaron a funcionar, me dí cuenta que perdía unos 4,5 litros de agua de media diaria. Además de un kilo de comida. Todo mi trabajo se fue al traste. Casi cada día tenia que repensar la organización y volverla a colocar.

Me levanto antes de que salga el sol y me acuesto después de la puesta. Con el desierto no se bromea. Lo mejor es hacer el camino lo antes posible. Cuando antes acabes mejor. Así tendrás suficiente agua por si algo sale mal: un problema mecánico del carro, pérdida de material, una herida... El segundo día me despertó un pequeńo terremoto. ˇQué sensación! La tienda vibraba, todo se movía. La pena es que duró tan poco y fue tan suave que apenas pude disfrutarlo.
En los desiertos australianos las tardes son demasiado calientes para caminar. El sudor te hace beber más y más agua. Sin embargo aquí no noté en exceso el calor. Quizá sea por la altitud, de entre 1000 y 3200 metros, o por el viento frío. Sea lo que sea, eso me permite no tener que hacer grandes siestas al mediodía y seguir caminando. Las noches son bastante frías, las temperaturas incluso bajan de cero grados pero estoy preparado con mi tienda de invierno, mi saco de dormir nuevo, mi ropa térmica y mi colchón inflable. Me sentía cómodo y confortable.

     La primera mitad del viaje fue muy bien. La parte occidental ya era otra cosa. Las montańas, los cańones laberínticos me desorientaron, no sabía encontrar la dirección de los cauces secos de los torrentes porque parecían una serpiente borracha. Tenía que subir a las cumbres, mirar alrededor, para orientarme mínimamente. Cuando decidí que era mejor continuar por un barranco cercano, los fuertes desniveles y las arenas movedizas me mataron. A veces no podía tirar del carro. 115 kg de peso: 25 kg del propio carro, 11 kg de herramientas y piezas de repuesto, 24 kg de ropa y equipo, 12 kg de comida y 43 de agua.

Llegó un momento en que me harté de tantas montańas. Para mayor desgracia no tenía un mapa adecuado, solo disponía de uno 1:250000 y así era difícil saber que camino era el mejor. Opté por el camino más corto, cruzando los cańones a través y así lo único que conseguí fue cansarme mucho más. Aprendí a utilizar la topografía del terreno para hacerme la vida más fácil. Finalmente decidí bordear el cańón aunque me supusiera recorrer 30 km más pero el camino era más fácil y rápido, sin subidas y con una superficie más estable.
    
         Los caminos o senderos eran muy engańosos. Había cientos de ellos y cada uno en una dirección diferente. Eran las huellas que dejaron las empresas mineras buscando yacimientos de cobre. A veces iba alegremente como un oficinista en viernes por uno de ellos y de repente acababa en medio de la nada. Tenía que caminar a través de la arena buscando cual era el correcto.
En otra ocasión fui caminando al lado del camino que estaba buscando sin saberlo ya que se hacía muy difícil verlo sin la perspectiva apropiada. Cuando ya me cansé de navegar sin rumbo, tuve otro desafío. Los mineros que me encontré (me cruzaba con uno o dos coches cada día que venían o iban a las minas) no supieron indicarme y me dirigí directamente a través del valle, cuando de repente me encontré con una enorme grieta bajo mis pies. Era el cańón que yo buscaba!! Ya no me separé de él como un perro de su hueso.     

   Tengo que decir que tuve un pie en la tumba. Literalmente. Cuando visité las ruinas de una mina abandonada fui a ver el cementerio que había al lado. Me gustan mucho los cementerios viejos, con sus lápidas caídas, sus ataúdes medio abiertos... Estaba haciendo algunas fotos, grabando un vídeo, cuando pisé donde no debía y caí en una fosa llena de restos humanos.

Al final de esta etapa tuve una motivación extra. Cuando llegué al Valle de la Luna (una región llena de rocas erosionadas) al lado de San Pedro de Atacama no solo tuve la satisfacción de haber atravesado el desierto sin ayuda (desde Baquedano hasta el Valle de la Luna: 7 días, 234 km, 2200 metros de desnivel) sinó que allí me esperaba mi querida Ewelina, a la que hacía más de 4 meses que no veía. El reencuentro en mitad de la carretera, con todos los pasajeros del autobús aplaudiendo, fue irrepetible. ˇSuper!

Precios en dolares australianos
pais dias alimento alojamiento pagado (numero) permisos, admisiones guias equipo compra, alquiler equipo y otras flete *transporte otro total
Chile 13 $365 (2) $32 $0 $0 $134 $151 $0 $50 $732

 

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