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Expedición con el apoyo de la colegio de Sydney

America del Sur sin motor

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9 etapa - Panamericana

fecha de inicio actividad pais lugar desde - hasta dias km km/ dia comentario
30.04.2013
organizado
Chile
Santiago
3
44
15
compras, reparado, enviar parcelas
03.05.2013
mono patin
Santiago - Vina del Mar
2
147
73
05.05.2013
caminar
2
25
12
buscando yate
07.05.2013
mono patin
Vina del Mar - La Serena
5
425
85
12.05.2013
descansado
La Serena
1
0
0
Domingo - no se puede recibir bicicleta
13.05.2013
bicicleta
Panamericana
La Serena - Antofagasta
7
910
130
20.05.2013
descansado
Antofagasta
1
0
0
total
21
1551
74

Estoy en una jungla. Los peligros me acechan. Debo tener mucho cuidado, tengo que saber cuando y donde ir. Hay lugares que es mejor evitarlos después de caer el sol. Estoy en la selva urbana, en el reino del hormigón. Esta vez estoy en la capital de Chile.

Santiago ha sido mi cuartel general. Hasta aquí envié mis maletas llenas de cosas que no me hacían falta, compré otras por internet y aguardaba mi equipo para las siguientes etapas de mi viaje. Tuve mucho trabajo en Santiago, muchas cosas que organizar. Preparé siete paquetes (141 kg) a diferentes lugares en el norte, hice compras, arreglé cosas, actualicé y traduje la página web, grabé DVD, reorganicé el GPS...

Suerte que pude contar con la ayuda de amigos como Ignacio y Alejandro. Aunque Ignacio viviera en la planta número 12 de un edificio y yo no pudiera usar el ascensor por mi manía de no querer utilizar ningún medio de transporte con motor durante este viaje. Lo mismo me ocurría en los centros comerciales donde los guardias de seguridad me miraban como a un idiota que sube y baja escaleras. Se negaron a abrirme las puertas de emergencia.

Me preguntaba como hacer el viaje más interesante y entretenido. Descarté la idea del monopatín por las muchas subidas y bajadas, además de no encontrar ningunas botas de mi número. Visité decenas de tiendas y solo en una encontré algo original: un patinete de tres ruedas. Un patinete tradicional pero con la novedad de poder darte impulso con el movimiento de la cadera, sin necesidad de utilizar las piernas. Parecía divertido pero no lo compré.

Después de una hora volví a la tienda, negocié el precio y salí con el patinete bajo el brazo.El primer objetivo era llegar a Vińa del Mar. El inicio fue bueno, todo era llano. Después, en las subidas tuve que bajarme y empujar y en las bajadas me daba miedo. Utilizaba el freno, pero me di cuenta que el freno cambiaba la forma de la rueda en un pentágono y al final tenía que recurrir a los pies. Después de dos días llegué a mi meta pero tuve que pagar el precio de las agujetas en mis pies y en mis manos.

Estuve buscando un velero por internet, ahora era el momento de hacerlo en persona. Desgraciadamente los clubs naúticos de Concón, Vińa del Mar y Valparaíso no son muy receptivos a los mochileros, al menos me permitieron dejar un anuncio.

Fui caminando para explorar un poco las colinas de Valparaíso. Los barrios turísticos son muy bonitos a la vista, supuestamente seguros, pero no tienen alma, parecen un decorado. Así que decidí seguir mis propios pasos y me encaminé hacía los barrios más pobres. Allí encontré ruinas en lugar de casas pintorescas, basuras por las calles y sobretodo, una calma tensa que flotaba en el ambiente, notaba como las miradas de la gente decían: "qué estás buscando aquí, gringo?"
No me sentía cómodo pero seguí perdiéndome en el laberinto de callejuelas empinadas como si supiera adónde iba. Estaba bien, nadie me atacó cuando de repente apareció un perro de la nada, ladrándome y acercándose cada vez más hacia mí. Le grité pero no debió entenderme. Tres metros, dos, uno, el ataque era inminente cuando desde una ventana una mujer se asomó y dijo una sola palabra y en un segundo el perro desapareció. A mi también me dieron ganas de desaparecer y volví rápidamente a los barrios recomendados, con policía, tiendas para turistas y sobretodo; sin perros ni gatos!

Después de dos días empecé a dudar sobre la posibilidad de encontrar a alguien que me quisiera llevar en su velero. Primero porque nadie querría ir al norte en invierno y menos aún sin tracción motora. Así que tenía que moverme. Me dí cuenta que había enviado la bici a 400 km de distancia (en el mapa no parecía tanto) de manera que tenía que hacer una buena tirada de kilómetros diaria con el patinete. Pronto la carretera abandonó la costa y se adentró por un terreno más montańoso. Tuve que hacer el loco en los descensos, con la bici llegué a los 61 km/h pero no me imaginaba alcanzar los 40 km/h con el patinete. La adrenalina fluía por mis venas cuando llegué al punto de no retorno, ya no podía parar, era llegar al final o una ostia que te cagas.

Cómo si eso no fuera suficiente me metí en la autopista. No estoy loco pero no tenía alternativa. La famosa Panamericana, la autopista que une las dos Américas. Por desgracia, me encontré con una sorpresa que no podía predecir. El constructor de la autopista decidió ahorrarse un dinero y dejó lleno de baches el arcén. Seguramente él tampoco pensaba en los patinetes, pero yo, con unas pequeńitas ruedas de goma tenía muchos problemas para mantenerme a salvo. Mi única posibilidad era circular por el carril, así que cuando no venían coches iba con mi patinete a toda pastilla por la Panamericana. El inventó funcionó pero con gran esfuerzo y mucho estrés. 

Una vez que ya había improvisado una ruta alternativa, el asfalto mejoró. Mi moral también subió, los conductores me saludaban al pasar a mi lado, iba tranquilo y seguro por el arcén, hasta me divertía ir por la autopista, seguramente hay algo que no funciona bien en mi.
    Pero en los descensos sufría como un condenado. Tenía miedo pero la adrenalina me hacía continuar, hice 5 km en 12 minutos sin poder frenar en las curvas. !Fue la bomba!

Un día hice más kilómetros de los previstos. Con buen viento a favor iba como un loco, corriendo como una gacela. Impulsándome con las piernas y con los movimientos acompasados de la cadera iba tragando kilómetros a pesar de las piedras y los agujeros del asfalto, todo por llegar a tiempo y poder pasar la noche con buena compańía y poder disponer de electricidad. No paré al mediodía a almorzar, solo pensaba en llegar y al final conseguí el objetivo y entré en una ciudad desconocida poco después del anochecer. Nunca pensé que podría recorrer 115 km en un solo día en patinete!

   En La Serena tenía que esperar a que pasara el fin de semana para poder recoger mi bicicleta y así aproveché para descansar, hablar con la gente del hostal, mejorar mi castellano, comer carne asada y beber vino chileno barato. Tuve que despedirme de mi patinete, mi compańero de viaje durante la última semana. Juntos recorrimos una distancia similar a la que hay entre Barcelona y Madrid.

La Panamericana se estrechaba, un carril para cada sentido. Se volvió más peligrosa. Los camiones me adelantaban a gran velocidad. Demasiada. Y demasiado cerca. En el bosque me siento más seguro, yo decido, normalmente, hacía donde ir. Pero en la carretera mi vida depende de la concentración de los otros conductores. Un error suyo sería fatal para mí. Así que como me siento bien tras los días de descanso y la bici va de maravilla decido acelerar y acabar cuanto antes con este tramo tan peligroso. Hasta por la noche estuve pedaleando aprovechando la luz de la luna llena, sintiéndome el dueńo de la carretera. El peor día recorrí 121 km. Estaba cansado de tantos coches. Desde hacía un mes que solo veía carreteras y ciudades.

Un día normal de viaje a pie o en bici, sin ciudades, ni pueblos es así:
-Me despierto antes de la salida del sol, sobre las 6:15
   -Preparo el equipo y me pongo a caminar. Sin desayunar
   -Después de 1 o 2 horas caminando hago un descanso para el desayuno: proteínas, frutos secos, barritas energéticas
   -Sigo con la ruta, admiro el paisaje, tomo algunas fotos.
   -Dependiendo de las circunstancias (como decía el filósofo espańol Ortega y Gasset -que eran la misma persona) hago una parada para el almuerzo. Algo rápido: sopa, frutas, barras energéticas...
   -Media hora antes de acampar entro en pánico. Necesito encontrar un lugar seguro y con agua
   -Cuando ya he encontrado el agua monto la tienda. Amo a mi tienda y a mi saco de dormir, o mejor debería decir mi casa y mi cama. Cuando acabo ya ha anochecido. Son pasadas las 18:00
  -Preparo la cena. Normalmente comida liofilizada.
   -Después de cenar me meto en el saco y trabajo en las tablas de excel y hago resumen del día, este es el mejor momento del día ya que lo acompańo con alguna chocolatina.
   -Dependiendo de las fuerzas que me queden preparo los textos de la página web, las fotos, los mapas, las películas, las traducciones, muchas veces me quedo dormido sobre el ordenador. Si aún no tengo sueńo aprendo algo de castellano, escucho un poco de música y son las 10 de la noche y en 8 horas suena el despertador.

Muchas gracias por su ayuda y hospitalidad a Alejandro, Ignacio, Pola, Wladimir y Camila.

Precios en dolares australianos
pais dias alimento alojamiento pagado (numero) permisos, admisiones guias equipo compra, alquiler equipo y otras flete *transporte otro total
Chile 21 $496 (3) $46 $0 $0 $154 $40 $0 $59 $795
mono patin $84
montar de bibi, tripod, reparación de cosas

 

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